
En su interior, ambiente acogedor y agradable. De sus lujosos salones, con techos especialmente altos, cuelgan grandes lámparas holandesas, escayolas de la época y grandes ventanales asomados a la arboleda de la Plaza de España, que nos transportan rápidamente a un paraíso de plácida elegancia.
En el salón principal y en el primero de los reservados destacan sendos espejos barrocos del siglo XIX en pan de oro, procedentes del Palacio Mª Amelia de Orleans, esposa de Carlos I de Braganza y madre del último rey de Portugal Manuel II.











